Jabamiah
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Entonces, se podría decir que es de tu autoría? Porque, si es así, es tu mejor obra hasta la fecha, al menos desde La gallina dego... digo, Escarnio.![]()
Luger (Bruno Martín)
Aunque entre las mil cosas que nos mueve ver una película no suele ser su producción el mayor aliciente, al acabar Luger no pude evitar pensar: “¿se convertirá Raúl Cerezo en el Larry Fessendewww.cinemaldito.com
Mirad esta crítica y cómo empieza. Ellos SÍ SABEN, jajaja.
La vi hace unos días y es tremendamente disfrutable. Coincido con la crítica en que el tonito de los últimos minutos desentona un poco (no porque las actitudes sean inverosímiles, sino porque sentimentaliza demasiado el colegueo de los protagonistas, aunque entiendo el porqué de la decisión.
Lo que mas me gusta de la película es que a pesar del tono juguetón y humorístico y urbanoide, tiene el aroma del noir tradicional, los protas no son virtuosos, se pasan media película detonados, son oportunistas y moralmente ambiguos, no luchan por hacer lo correcto, sino por sobrevivir a las consecuencias de sus propios errores. No hay una línea clara entre buenos y malos, sino personas intentando sacar ventaja unas de otras. Pero no es amoralismo gratuito, porque te esta hablando de gente donde el destino pesa más que la voluntad.
También comparte la certeza de que nadie escapa a aquello que ya es. El destino no aparece como un castigo divino ni como una fuerza sobrenatural, nace de la propia naturaleza de los personajes. Cada decisión que toman creyendo alejarse del abismo no hace sino confirmar que siempre caminaron hacia él. No existen las segundas oportunidades, solo la ilusión de que todavía queda una salida. Pero el mundo del noir, como microcosmos de la mismísima modernidad, no concede redenciones. Devora lentamente a quienes lo habitan hasta reducir sus vidas a la suma de sus errores. En Luger, esa condena no necesita anunciarse porque está presente desde el primer instante, silenciosa e inevitable, esperando el momento en que los personajes comprendan que nunca fueron libres, que el final los acompañaba desde el principio y que todo cuanto hicieron fue darle la razón.
También es estupendo cómo gran parte de la película transcurre en espacios muy delimitados sin que llegue a sentirse teatral. Al contrario, el escenario se explota para generar tensión, jugando con la posición de los personajes y la propia configuración del espacio. Cuando la acción se acelera, la cámara acompaña sin caer nunca en el caos, apoyándose en una buena coreografía y alternando con precisión los momentos de calma con los estallidos de violencia.
Lo que muchas películas guardarían para el clímax, esta te lo pone sobre la mesa desde el principio (o, al menos, desde el minuto 35). No reserva su mayor golpe para el final, sino que arranca ya en una situación límite y, a partir de ahí, solo puede avanzar hacia delante, escalando la tensión y descendiendo poco a poco hacia el abismo. Es muy entretenida.

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