Raven
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No exactamente. Dick empezó más o menos como un autor beat que se fue inclinando hacia la sci fi por razones comerciales y porque le permitía desarrollar su filosofía mejor, pero nunca dejó de ser un autor beat y coetaneos. Tiene más en común con un Kerouac, un Ginsberg o un Brautigan que con un Chandler. Lo que pasa es que los autores beat y algunos de sus coetáneos tendían a fagocitar géneros para llevarlos a su terreno, y en eso Dick era un maestro. Y el noir aparece mucho, pero también el género de espias o, a su manera, el neo thriller o el neo western. Pero su producción se acerca mucho más que a cualquier otra orilla a un Bukowski yendo de borrachera en borrachera de bar en bar en busca de putas y carreras de caballos, solo que encontrándose por el camino con robots metafísicos y aliens que ponen en duda si todo es una simple ilusión, una conspiración divina, gubernamental o corporativa (o las tres a la vez) o tan solo cosa de tanto whiskey y la gonorrea. Creo que la mejor definición de Dick siempre fue En La Carretera pero con naves espaciales. En ese sentido, A Scanner Darkly es casi su mejor mapa de ruta.Tiene una deuda importante Ubik de Philip K. Dick con el género negro,
Efectivamente, esa colección es todo Holmes, no todo Doyle. Es muy bonita (vien ilustrada y sobre todo en el caso de Paget, eso me parece esencial), aunque yo prefiero tomos originales. El atractivo del de Catedra es que se basa en la cronología interna del personaje, no de la publicación. Eso es excelente a su manera, pero yo creo que como copia de lectura básica lo mejor es tener los tomos originales, por cuestión de consistencia estilística, narrativa y, en ocasiones, de calidad.Solo los 14 primeros tomos son de Doyle, según leo. El resto son pastiches holmesianos de otros autores... yo creo, ahora sí, que me pillaré todo lo que Doyle.
Puede que el genio italiano, con sus juegos metalingüísticos y su fantasía de raíz surrealista y poética no sea para todo el mundo. Pero lector que encuentra receptivo, lector que enamorará para toda la vida. En esta ocasión, un lector se verá frustrado al leer el comienzo de 10 novelas diferentes que no podrá continuar por diversas razones bastante ingeniosas y creíbles mientras vive diversas aventuras estrambóticas y surrealistas intentando encontrar la continuación de la que acaba de leer y a la vez enamorar a una lectora en su misma situación que acaba de conocer. La novela alterna las aventuras y desventuras de este pobre cazador de libros por obligación con esos primeros capítulos de las novelas que representan homenajes a diversos estilos y autores. Un entramado ingenioso que pasa por la sátira (al mundo editorial, a la academia, a la política, a los escritores...), la loa a la lectura y al amor por el libro, la filosofía de la lectura, la comedia y el drama, todo ello sorprendentemente enlazado en perfecta convergencia al final, en una obra maestra maravillosa entre lúdica y filosófica, de una construcción complejísima (aunque expuesta de manera harto diáfana) asombrosa. Algunos argüirán que la trilogía de Nuestros Antepasados (sobre todo el Barón rampante) es una mejor entrada a la obra del maestro, pero ésta me parece igual de válida.