Pues me he visto las 2 últimas películas del Pack de Garci, que son, precisamente, las que no había visto nunca. La sensación es agridulce.
Sesión continua me ha encantado. Una historia sobre cine y sobre la vida. Carta de amor a las cosas que a Garci siempre le han gustado. A la altura de sus grandes pelis, aunque probablemente no es una película para todos los públicos, y sólo los locos forofos del cine llegarán a entrar de verdad en la propuesta.
Adolfo Marsillach interpreta a un director de cine misántropo y solitario. Jesús Puente es su colega y director de su próximo guión, una película titulada "Me deprimo despacio" que quieren rodar en blanco y negro. Ambos están locos por el cine y viven en casas llenas de libros, pósters de cine y otros objetos, y sin duda, de haber nacido 30 años después, estarían aquí con nosotros en el foro.
La película nos va contando los entresijos de la
otra película, desde la formación del guión al rodaje y el estreno, como excusa para mostrarnos las vidas de estos dos hombres y quienes les rodean. El personaje de Adolfo tiene una relación esporádica e indefinida, con derecho a roce y sin compromiso, con una mística más joven que él, una mujer que parece más fantasma que persona (una María Casanova completamente marciana, muy diferente de su habitual registro en el cine de Garci) mientras que a Jesús, su mujer se prepara para dejarle (impagable la escena de Jesús en nochevieja tomándose las uvas sólo viendo la tele, mientras en el dormitorio, su ya futura ex-mujer se prepara para meterse a monja).
José Bódalo como el avispado hombre en lo empresarial (es el productor de la película) y despistado hasta la fatalidad como padre de familia, vuelve a componernos otro personaje para el recuerdo, un hombre entrañable, roto por el dolor y por la incomprensión entre generaciones.
Me quedo particularmente con dos escenas: en lo cómico, ese rato que pasan los 2 protagonistas en la terraza de un café desarrollando la escena del guión en la que el protagonista de la peli, un ministro, es secuestrado, con un cliente de la cafetería al fondo, escuchándolo todo y creyendo que está ante dos terroristas que planean un secuestro real

En lo trágico, me gusta mucho la escena en la que Bódalo habla de su hijo (Bódalo está de 10) pero no puedo dejar de reseñar esa conversación donde Marsillach explica que los directores a los que admiran (Ford, Wilder y compañía) primero fueron hombres viviendo experiencias y aventuras, y luego se hicieron cineastas con cosas que contar, mientras que su generación, destetada con el cine y enamorada del cine, no ha vivido nada previo, y por supuesto, no tienen gran cosa que contar. La historia de muchos. Y no miro a nadie.
Algo más frío me ha dejado su siguiente película,
Asignatura aprobada. No porque no me haya gustado, aunque sin duda es la que menos me ha gustado de toda la primera parte de su filmo, incluida en el pack que ha salido en Blu-Ray.
Quizá porque es la menos real y la más centrada en las obsesiones del director. Es muy teatral, más dispersa, menos terrenal, más pretenciosa. Quizá no ayude un Jesús Puente que parece hacer casi el mismo papel que en la anterior. Aquí tenemos a un autor teatral fracasado en la vida que vive en una casa llena de trastos y libros (¡con póster de Silverado de Kasdan incluido!), que se reencuentra con su hijo y con una ex, actriz teatral que anda ahora enredada con una obra en su ciudad.
La película te deja con la sensación de que este hombre es más fantasma que persona. Si era fácil empatizar con su personaje de Sesión continúa, no lo es tanto aquí, quizá porque existe la sensación de que es un arquetipo menos trabajado. Menos humanizado.
Tampoco ayuda la indefinición de sus relaciones, especialmente el personaje de Teresa Gimpera, ¿quién coño se supone que es? Él va y viene a verla, se pasea por su jardín como Pedro por su casa, pero no son novios, ni son amantes, aunque él se toma más libertades de las que se debería tomar si fueran simplemente amigos... en ningún momento se nos clarifica la verdadera naturaleza de su relación, de qué demonios se conocen. Por momentos pensé que era una figuración, un fantasma, un personaje irreal salido de la mente de Puente, igual que en Sesión continua, el personaje de Marsillach hablaba con su padre muerto. Las conversaciones con la novieta del pasado, actriz teatral, también me parecen más etéreas, mucho menos reales y menos naturales. No sé, en general me da la impresión de ser una peli hecha con la cabeza puesta en otras cosas, donde todos los personajes son fríos e inalcanzables.
Me quedo, de lejos, con el sucio faje que le hace su hijo a Puente, quizá merecido, pero que me dejó a cuadros. Si algo se nota en estas 2 películas (y de palabra, ya se introducía el tema en "Volver a empezar") es que los hijos ya no son esos simpáticos mochuelos con voz doblada por Sélica Torcal o semejante, que aparecían en El crack, Las verdes praderas, o Asignatura pendiente. Los hijos ya no son niños, cargas familiares, responsabilidades que uno debe asumir. Ahora son adultos independientes, incognoscibles, inabarcables, inentendibles. La brecha generacional es insalvable. Si en Volver a empezar ya Bódalo y Ferrandis comentaban que sus hijos hacían sus vidas lejos de ellos, aquí lo vemos. Y duele. Duele en Sesión continua, donde vemos que Bódalo cree una cosa y luego es otra, o donde las hijas de Marsillach empiezan a tener sus propios planes y su propia vida y a no querer pasar tiempo con su padre. Pero duele sobre todo aquí, donde Puente abandonó a su familia, y su hijo se cobra venganza años después, de forma muy cruel.
En fin, a la espera del segundo pack, con el resto de su obra, dejo al señor Garci en un sitio que creo, sería de su agrado.