Cine y documentales sobre Nazis, Shoah...

Amén., Costa-Gavras (2002)

Amen. (Constantin Costa-Gavras, 2002).mp4_snapshot_01.45.41.150.jpg


Kurt Gerstein es un miembro de alto rango de las SS y responsable del abastecimiento de Zyklon B para los campos de concentración. Cuando descubre el verdadero uso de la sustancia, y profesando creencias cristianas, emprende una lucha desesperada por dar a conocer al mundo el exterminio masivo que está teniendo lugar, con la única ayuda de un joven jesuita que intenta poner los hechos en conocimiento del papa; un propósito que se verá truncado ante la actitud ambigua, reticente, en el mejor de los casos, o directamente colaboradora del Vaticano con la Alemania nazi, amparado en una pretendida neutralidad o prudencia o incluso ignorando cualquier testimonio.

Frente a otras aproximaciones al holocausto más a pie de calle, sentimentales o centradas en historias de gente anónima, aquí tenemos una que pasó un poco más desapercibida, que transcurre en altas instancias diplomáticas y que adopta un enfoque más sobrio, distanciado y como de thriller de los setenta, sin una representación directa de la barbarie; de hombres solos contra el sistema, pisoteados por una maquinaria que les supera, impulsados por una toma de conciencia ante el horror (clave la secuencia en que a este Gerstein le es ofrecido mirar por una mirilla al interior de una cámara de gas y descubre lo que ocurre), por una férrea opción moral, una humanidad elemental que poco tiene que ver con un cine político, o al servicio de un postulado ideológico determinado, aunque la obra teatral de 1963 en que se basa por lo visto trajo cola en su momento.

Las dudas pese a todo son pocas y la película está lejos de ser neutral o equitativa, precisamente por tratarse de una crítica a esa supuesta equidistancia que nunca es tal, más aún en un contexto geopolítico, en ciertos momentos oscuros de la humanidad en los que, a la hora de la verdad, sólo unos pocos (y a mero título particular) son los que no miran para otro lado.

Se muestra el importante papel de la iglesia como altavoz internacional (también el de las iglesias protestantes), pronunciándose con firmeza cuando le interesa (las políticas de eugenesia del nazismo), eso sí, o cuando es conforme a su ideario… aunque poco importa ante una población absolutamente idiotizada o manejada cual corderitos. Como recurso visual más llamativo, las imágenes de trenes que cruzan insistentemente la pantalla, o la máquina de muerte que no se detiene un segundo. El film por lo general aprovecha sus medios (el Palacio del Pueblo de Rumanía emulando las estancias vaticanas), saca partido ante todo a actores, diálogo y espacios en que se mueven, y ya avanzado creo que se estanca un poco.

Un punto en común con el Schindler de Spielberg tiene el protagonista, también basado en alguien real y procedente del mismo núcleo del III Reich, mientras que el religioso penetra en un doloroso descubrimiento personal, o una forma de sacrificio o martirio del auténtico creyente, y no de esas élites indiferentes, cuando todo está ya perdido; estar al menos cerca de esas víctimas y siendo él una más. Como tercera figura relevante estaría el nazi malvado y de sofisticadas maneras, un antecedente de Hans Landa que en el fondo sólo sirve a sus propios intereses y se da cuenta de la inmersa farsa; le une cierta incómoda afinidad con Gerstein y estaría en las antípodas del jesuita.

En cuando a la controvertida figura de Pío XII, se reduce a un personaje no siniestro pero sí inescrutable, que se comunica por medio de aforismos y algo calculador, incluso con los judíos romanos siendo perseguidos ante sus mismas narices. Y el epílogo hace referencia directa a las conocidas rutas de escape de los criminales nazis fugados hacia América del sur… con la santa sede facilitando la tarea.
 
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