Fritz Lang

Bajo la forma de un siniestro desconocido de facciones adustas, la muerte se aparece a una feliz pareja de prometidos para llevarse al muchacho. Su amada sólo podrá salvarle del más allá si supera una serie de pruebas impuestas por la parca, quien decide hacer la vista gorda por una vez ya que dice estar hasta las narices de los humanos y sus dramas y de llevar tan pesada carga.

Las tres luces, habitualmente considerada la primera gran obra de Lang, es un film total, enorme a nivel de concepto incluso para el cine posterior de cualquier época; pura invención, pura inocencia y sentimiento de maravilla, pero a la vez una cosa muy seria en cuanto a voluntad artística y madurez de puesta en escena, que deja un reguero de imágenes memorables. La presencia fantasmal de la muerte, correspondiente a esa idea de despiadada igualadora o ejecutora de la providencia divina que, por una vez, empieza a considerar unos sentimientos muy humanos, recorre una fábula a modo de muñeca rusa, con tres partes bien diferenciadas donde la central, a su vez, comprende un tríptico de historias fantásticas ambientadas en distintos escenarios.

La primera es un relato orientalista sobre amores imposibles en la corte de un califa, con los tópicos del fanatismo religioso y el sátrapa cruel. La segunda, equívocos e intrigas cortesanas, lances amorosos, mascaradas y luchas a espada en la Italia renacentista. La tercera transcurre en la China imperial y es una excusa para poner en práctica todo tipo de trucajes, transparencias y efectos especiales, que recrean un ejército en miniatura, alfombras voladoras, transformaciones animales... Se entiende, en fin, la fascinación de Buñuel cuando vio la película, y de cualquiera por aquel entonces, en realidad, al descubrir el inmenso potencial de las imágenes filmadas. Los mismos actores aparecen en cada historia, lo cual ilustra la idea de la película; una pulso sin fin entre el amor y la muerte con el triunfo de esta última y la esperanza de que algún día el primero pueda vencer, que se repite cíclicamente en cada tiempo y lugar con idéntico resultado.

Por cierto que aquí es ella quien tiene que realizar el acto heroico de salvarle a él del villano grotesco de turno que quiere poseerla una y otra vez. Se abre paso un punto de humor, por cierto, en las caricaturas de los potentados del pueblo y sobre todo con la gente huyendo despavorida ante la mera idea de dar su vida; no importa la edad o la situación calamitosa en que estemos, nadie se quiere ir de este mundo. El reloj marca inflexible el paso del tiempo, la llegada de la hora y de la prueba definitiva; el incendio, secuencia en intenso color rojo. El diseño de escenarios, las secuencias que involucran movimiento y multitudes, incluso cuando prácticamente apenas se mueve la cámara, son donde mejor se expresa la fuerza visual de la propuesta.

Y así es como llegamos a uno de esos finales sobrecogedores del cine. El significado del amor es sacrificio, ofrecer la propia vida de manera desinteresada para lograr salvar otra inocente; una derrota final que es aceptación, triunfo y un reencuentro en la otra vida, en una mezcla de pesimismo y de humanismo donde la muerte, tras reunir a los amantes, se desvanece por fin para dar paso a ese amor que la ha vencido.


Der Müde Tod (Fritz Lang, 1921).mkv_snapshot_01.36.26.818.jpg
 
Arriba Pie