Ifigenia (Ifigeneia) (1977) - Michael Cacoyannis
Maravillosa y fiel adaptación de la obra de Euripides que apenas se toma algunas licencias y que cambia ligeramente el final volviéndolo algo más ambiguo por cuestiones cinematográficas.
Ambientada en el inicio de la marcha contra Troya, se le pide a Agamenon el sacrificio de su hija mayor, el acepta pero luego se arrepiente, llega Ifigenia con engaños pensando que para casarse con Aquiles. El drama de un padre es ¿su hija o su patria?
Agamenón, Clitemnestra, Aquiles e Ifigenia tienen que lidiar con una situación impensable donde uno no puede imaginar que termine bien. ¿Donde termina el liderazgo y comienza la familia? ¿Tiene limites el deber con tu gente, con tu religión y moralidad? ¿Cuál es el rol de la maternidad en esto?¿Qué tiene que hacer una madre en tal situación? Como la obra, es una historia complejísima que termina desembocando en un último acto aterrador, desesperante y de una tensión casi insoportable que ríete tú de la última temporada de Breaking Bad.
La actuación de Kazakos es descorazonadora, su mirada a la cámara, más que sus palabras, revela el increíble tormento que desgarra su alma. Irene Papas es el extracto moderno más depurado de las obras clásicas griegas. Terrible en su dolor, y más aún porque sabemos cuál será su venganza. Tatiana Papamoskou lo clava en su retrato de Ifigenia, de una inocencia que contrasta con la severidad de Kazakos como Agamenón.
Vemos cómo el Estado triunfa sobre el individuo. Se elige el colectivismo sobre la familia. El bien común, el de todo un pueblo, triunfa sobre todo lo demás. Ifigenia lo deja claro: nada vale una vida si de su sacrificio depende todo el bien de un pueblo, de un modo de vida, de una civilización.
''Doy, pues, mi vida en aras de la Grecia. Matadme, pues; devastad a Troya. He aquí el monumento que me recordará largo tiempo, esos mis hijos, esas mis bodas, esa toda mi gloria. Madre, los griegos han de dominar a los bárbaros, no los bárbaros a los griegos, que esclavos son unos, libres los otros'' Euripides.
Los vividores (McCabe & Mrs. Miller) (1971) - Robert Altman
Siempre había apreciado esta película, pero ahora ha pasado a convertirse en mi película favorita de Altman junto con The Player. Creo que parte de su brillantez se da gracias a la táctica que emplea invirtiendo los símbolos clásicos del western tradicional. En lugar de presentar a un personaje de ley que viene a traer la civilización al desierto, vemos a un empresario que transforma el desierto en una ciudad, que crea una comunidad comerciando con el vicio y que acaba destruido por los negocios.
En lugar de ser una sociedad revoltosa y moderadamente bien supervisada, es una ciudad fragmentada y medio vacía poblada de seres apáticos y aislados.
Fácilmente Altman podría haber caído en el error de tratar de debilitar el género de forma prefabricada y previsible, de derribar tópicos por el simple hecho de hacerlo. Pero lo que hace es emplear el conocimiento del público y obligarlos a invertir y replantearse sus expectativas sin dejar de hacer, ni por un momento, una película fundamentalmente moral (aunque sus personajes no lo sean).
Una vez que te acostumbras a su tono, es increíblemente entretenida y altmanesca: excelentes actuaciones, una cinematografía maravillosa, una historia fascinante y una gran dirección, con conversaciones superpuestas e improvisaciones bien manejadas. Las canciones de Leonard Cohen coinciden perfectamente con el estado de ánimo y la atmósfera de la película y además se sienten como sonidos de una época pasada representada en la película.