Harkness_666
Son cuatro
Casanova, su último amor, de Benoît Jacquot
Un vistazo al célebre seductor en la etapa “otoñal” de su vida, o historia de cazador cazado en su madurez, que cae en las redes de una joven cortesana imposible de seducir cuando el italiano se ve obligado a exiliarse a Inglaterra, rodeado de una corte de aristócratas de existencia disipada (lo habitual). Se enmarca su peripecia en una confesión de vejez, un echar la vista atrás y recordar a la única mujer que le venció con sus mismas armas, interpretada por Stacy Martin (conocida por Nymphomaniac y ofreciendo algún que otro desnudo -buen curriculum-). ¿La conclusión? Que acaba por ser más “igualitaria” la relación puramente sexual y sin compromisos del libertino con sus múltiples amantes, semejante a amistades desinteresadas, que una pasión amorosa que envenena y consume a nuestro hombre hasta desear morir, sometiendo su voluntad en un juego peligroso... y aquí se agota, creo yo, el escaso interés de la propuesta.
La mirada de Jacquot hacia un individuo tan poco respetable es más bien empática y sensible, pues le contemplamos como a un ser vulnerable, en horas bajas, siguiendo un hilo narrativo que se recrea en ciertos puntos muertos (como esa interpretación de Haendel), o en subtramas sin mucha conclusión (las deudas económicas de la amiga), en cualquier caso no he encontrado nada más allá de una realización aséptica, sin gran aliciente salvo algún que otro plano inspirado (el de Casanova en la terraza, mostrando toda su soledad, o el de la biblioteca con el sol filtrándose tras los cristales -se pone el sol, pero en más de un sentido-) y que se queda muy corta en cuanto a transmitir emociones... pese al esfuerzo de un Vincent Lindon que interpreta con aplomo y casi mediante su mera presencia, en la que de vez en cuando se deslizan el cansancio y el paso de los años.
Un vistazo al célebre seductor en la etapa “otoñal” de su vida, o historia de cazador cazado en su madurez, que cae en las redes de una joven cortesana imposible de seducir cuando el italiano se ve obligado a exiliarse a Inglaterra, rodeado de una corte de aristócratas de existencia disipada (lo habitual). Se enmarca su peripecia en una confesión de vejez, un echar la vista atrás y recordar a la única mujer que le venció con sus mismas armas, interpretada por Stacy Martin (conocida por Nymphomaniac y ofreciendo algún que otro desnudo -buen curriculum-). ¿La conclusión? Que acaba por ser más “igualitaria” la relación puramente sexual y sin compromisos del libertino con sus múltiples amantes, semejante a amistades desinteresadas, que una pasión amorosa que envenena y consume a nuestro hombre hasta desear morir, sometiendo su voluntad en un juego peligroso... y aquí se agota, creo yo, el escaso interés de la propuesta.
La mirada de Jacquot hacia un individuo tan poco respetable es más bien empática y sensible, pues le contemplamos como a un ser vulnerable, en horas bajas, siguiendo un hilo narrativo que se recrea en ciertos puntos muertos (como esa interpretación de Haendel), o en subtramas sin mucha conclusión (las deudas económicas de la amiga), en cualquier caso no he encontrado nada más allá de una realización aséptica, sin gran aliciente salvo algún que otro plano inspirado (el de Casanova en la terraza, mostrando toda su soledad, o el de la biblioteca con el sol filtrándose tras los cristales -se pone el sol, pero en más de un sentido-) y que se queda muy corta en cuanto a transmitir emociones... pese al esfuerzo de un Vincent Lindon que interpreta con aplomo y casi mediante su mera presencia, en la que de vez en cuando se deslizan el cansancio y el paso de los años.