10 años y divorciada (Khadija Al-Salami, 2014)
Bajo este nombre que parece ubicarse entre el tremendismo y la coña, se esconde lógicamente una nueva entrega del subgénero 'mujeres bajo el Islam', que en esta ocasión nos cuenta la terrible historia real de una niña (y de innumerables más) obligada a casarse con un adulto a los 9-10 años, en el contexto tribal de ciertos habitantes del Yemen. Sin embargo, lo que debiera de ser un drama truculento de denuncia (intención de ello tiene), pierde parte de su efectividad por una dirección e interpretaciones que parecen sacados de una especie de culebrón oriental, causando cierto estupor en el espectador en cuanto a la puesta en escena de los acontecimientos. Tampoco ayuda una planificación que parece seguir las directrices de alguna Oficina de Información y Turismo del Yemen, que abruma con hermosísimos y fascinantes planos de la montaña, las aldeas y las ciudades yemeníes, así como el bello colorido de la vestimenta de las mujeres montañesas, a pesar de que la trama poco se presta a dar una imagen turística de dicha nación. O quizá es sólo un tema cultural y allí sea esta la manera que tienen de representar un drama. En definitiva, un film interesante por lo que cuenta y también por su extraño aspecto de postal turística, pero que habría ganado muchos más enteros con una dirección más consistente.
Nuestra hermana pequeña (Hirokazu Kore-eda, 2015)
Entrañable drama nipón acerca de 3 jóvenes hermanas que se hacen cargo de su medio hermana pequeña tras morir el progenitor de todas ellas. Después de tanto retrato del brutal trato a la mujer en Oriente Medio, viene bien zambullirse en un cine consagrado a los buenos sentimientos, el perdón, y la belleza de la naturaleza, como es el presente caso, incluso aunque la estructura dramática sea tan sutil o casi inexistente, hasta el punto de convertir el film en 'una pieza de arte donde pasamos tiempo con gente', que diría Uwe Boll.
Pues eso, aquí tenemos buenas interpretaciones dentro del juego de sutilidades típico de la idiosincrasia nipona, y también tenemos una puesta en escena 'reconfortante' que da mucha importancia a los escenarios, el paso de las estaciones, la comida, la hospitalidad entre los personajes y con el espectador, etc.; y un retrato de personajes donde todo el mundo tiene a ser bueno, e incluso los que no lo fueron tienen oportunidad de redención. Todo ello sin caer en cursilerías, gracias a que a Kore-eda nunca se le va la mano con el melodrama. O quizá sea que a los japos les perdonamos el peculiar sentimentalismo congénito a su cultura audiovisual. En resumen, film de ver con la pareja y darse muchos cariñitos después

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Un saludete.