Portrait of Jennie (1948) - William Dieterle
Curioso lo que me pasa con esta película. La primera vez que la vi, en mi adolescencia, me atrajo su estética de noir onírico, pero me pareció un pastel insoportable. Hace unos meses la volví a ver y me fascinó, aunque también me deprimió. En un tercer visionado, me pareció extraordinaria; debe ser una de las películas más neoplatónicas jamás realizadas, especialmente por cómo retrata la belleza y la creación como reflejos de lo sagrado.
El filme destaca por su atmósfera etérea, lograda con una cinematografía evocadora y una banda sonora que acentúa la melancolía y el anhelo. Jennifer Jones aporta fragilidad y encanto en su actuación, mientras que Cotten refleja la lucha interna de un artista dividido entre la desesperación y la esperanza. Lo que eleva a
Jennie por encima del melodrama es su exploración de cómo lo vano es pasajero y superficial, mientras que la sabiduría, eterna, surge de una fuente más profunda. Así, la película puede interpretarse como un contraste entre vanidad y sabiduría. La vanidad, encarnada en la obsesión de Eben por el éxito mundano a través de su arte, se desvanece con la llegada de Jennie. Ella, un enigma que trasciende el tiempo, representa una sabiduría que no se alcanza solo con la razón, sino con algo más hondo: la caridad, entendida como amor desinteresado. Como se dice, 'sabiduría y caridad son los frutos principales, y la vanidad, su opuesto'.
Eben descubre su genio artístico al entregarse a un amor por Jennie que no busca poseer, sino contemplar y honrar. Esta entrega, que combina fe en lo inexplicable y razón en su búsqueda de sentido como artista, lo lleva a crear su obra maestra: el retrato de Jennie. Sin embargo, el final trágico —su partida en medio de una tormenta— nos recuerda que incluso el sentimiento más noble no asegura permanencia en lo terrenal, sino que señala
Lo Eterno.
Que bien se ve esto leyendo como complemento los escritos de Plotino sobre la belleza:
Plotino: La belleza y el bien