Respuesta: Películas que vais viendo en casita
Va por ti, Sik. Gracias por descubrírmela, más Atreyubiana imposible.

(
Los viajes de Sullivan, Preston Sturges, 1941)
Una obra maestra en la cual se demuestra (y plasma) que la comedia es un género necesario así como vital. Sturges intenta, amparándose en el Sullivan del título (interpretado con maestría por un Joel McCrea entregado) demostrar - con ironía - que el cine, el espectador y el mundo necesita más cine social, plasmando las desgracias que envuelven al mundo y para ello decide disfrazarlo de pobre atrezado y así poder captar todas las vivencias, desgracias y situaciones de los marginados de la sociedad.
La película es un claro ejemplo de como la comedia puebla, inunda y da forma (y fondo) a toda la historia. Sin ir más lejos aquí hay cabida para todos los tipos: slapstick, comedia alocada, comedia de enredo, comedia romántica, Screwball comedy. Incluso tenemos cabida para los cortos Disney donde Pluto hará sus peripecias consiguiendo arrancar carcajadas sonoras del público visitante. Hasta sonidos envolventes en una escena en concreto sirven para demostrar lo patético en sí mismo de estar dentro de una sala de cine (ese hombre comiendo con un sonoro ruído).
Sturges juega perfectamente con los géneros y los concatena con el mayor de los aciertos: mientras los primeros minutos son realmente alocados, dignos del mejor cine de los Hermanos Marx con esa persecución alocada campo a través y la hilaridad del Hollywood alocado (ese niño con un coche customizado a modo de tanque) luego pasa a la comedia romántica entre McCrea y una Veronica Lake en estado de gracia, alejada de sus femmes fatales pero consiguiendo ser una partenaire excelente, demostrando que la química entre actores, una vez más, existe. Más tarde, previo paso por el cine dentro del cine y una crítica al mundo de los productores / directores, pasamos al drama social, donde el director no escatima en plasmar las desgracias y miserias de los menos favorecidos. Juega con la dosis justa de la crudeza pero sin caer en el patetismo.
Lo mejor de todo es que en estos concisos y tristes momentos Sturges recurre al cine silente, siendo la banda sonora quien habla por los actores y sin necesidad de un texto que pudiese resultar maníqueo o demasiado sentimentaloide. Tan sólo plasma una serie de circunstancias ajenas a la voluntad del ser humano. Y ahí es donde juega sus cartas el director. Es la carta vencedora. En uno de los momentos, el mayordomo de Sullivan le dice con claridad y tapujos que el pobre no desea ser representado por gente en mejor posición (económica y social que él) ni tampoco quiere que le digan cual es su situación: él ya la sabe.
En estos momentos (y en otros tantos más) el aroma a Capra se hace patente. Los momentos heróicos del individuo humilde como son ese camarero que les ofrece el desayuno gratis, Sullivan repartiendo el dinero entre los pobres, el ayudante del alcaide cuya bondad intenta hacer más llevadera la situación en la cárcel, etc. Incluso en todo lo que acontece en la parte final, donde una serie de equivocos hacen que nuestro héroe acabe en chirona se lleva a pachas entre la crudeza (liguera) y la epicidad del momento.
Una película de diálogos pensados, con un ritmo aplastante, de actores tanto principales como secundarios en estado de gracia pero sobre todo una dirección excelente, deparando una película magistral donde se demuestra que la comedia es un género que el mundo necesita. La risa es un bien necesario y Sullivan así lo demuestra. Su "Oh Brother, where art thou?" (que muchos años después serviría para que los Coen realizasen una pieza muy similar en intenciones a lo que intentaba plasmar Sturges) no es más que un toque de atención, una muestra de que el director interpretado por McCrea siempre acaba en el mismo sitio del que partió, es decir, nunca debió alejarse de la comedia. La desgracia vivida, sufrida y contemplada no es más que el inciso necesario para darse cuenta de ello.
Más que recomendable, de visionado obligatorio. Para entender porque el cine es tan grande.