PÁNICO EN EL ESTADIO (1976) de Larry Peerce.
Curioso thriller setentero, con inevitable y estupendo Charlton Heston, y un sociópata con rifle, que después de practicar con un casual biciandante, se dirige a un estadio con partido estelar y lleno de gente…. vagamente inquietante visión subjetiva del asesino durante la primera mitad, un Peerce hábil también con la sequedad 70s (electrizante la parte en que se carga a los primeros de la unidades especiales en el estadio) y en general muy entretenida. Le sobran las subtramas de distintos espectadores del partido, que interesan un pimiento, concesión a las convenciones del cine de catástrofes: esto podría haber sido incluso una cosa GRANDE si se hubiera prescindido de ellas y se hubieran centrado en la acción principal, el asesino, policía y fuerzas de seguridad, la acción y el suspense.
EL LEÓN (1962) de Jack Cardiff.
Aventura africana dirigida por Cardiff, que volvería después al género con la estupenda “Último Tren a Katanga” (1968); aunque a mucha diferencia del brío y la virulencia de Katanga, El León viene a ser casi un drama con la relación de una niña con un león, contrapuesto con el padre que la abandonó, que se entiende entramado psicólógico de la trama, pero resulta al final muy poca cosa y de escaso interés. La peli tiene una buena, aparente foto (esperable en Cardiff) pero la realización es bastante plana, y por el metraje desfilan actores característicos de muchas pelis del estilo (Trevor Howard, Capucine, William Holden). Hay alguna escena de malevolencia infantil (el aparente gusto de la niña por amenazar con dar órden al felino de matar) y algún curioso apunte erótico (la niña y una danza africana) y la escena climax final en la que por fin alcanza algo parecido a cierta intensidad. Tarde.
EL DESAFIO (1997) de Lee Tamahori.
Drama psicológico en un marco de cine de aventuras survival, con guión de David Mamet y correcta realización de Tamahori. Se agradece el loable intento de Mamet por dar alguna enjundia al entramado dramático de la historia (él, atención! define la historia como una comedia: jaja ya veo por dónde va) pero la
odisea es un poco demasiado simple, Hopkins bien pero Baldwin y Macpherson no ayudan precisamente a otorgar atractivo adicional a sus personajes (aunque ella es testimonial). Aparece también asiduamente un peligroso oso Kodiak, teóricamente para poner al límite mental y físico a los personajes (con mejores escenas que las de El Renacido). Espectaculares paisajes de Canadá y Jerry Goldsmith (música) y Donald McAlpine (foto) dando buen empaque al producto. Pasable.