Mensch Maschine
Santur
Michael Collins (Neil Jordan, 1996)
'Biopic' acerca del legendario líder independentista irlandés, en el que su compatriota Neil Jordan nos muestra de manera implacable la espiral de violencia que supuso la lucha por la independencia en la Irlanda de hace un siglo. El retrato de Collins está en sintonía con el ritmo y estilo de la película: un incansable hombre de acción, sin apenas descanso para otra cosa que no sea tirotear al enemigo. Sin embargo, una vez logrado el tratado de paz con Inglaterra y la virtual independencia, el film cambia de registro ,y la furia guerrillera se transforma en dolorosa tragedia para un movimiento nacionalista incapaz de aceptar la paz.
Lamentablemente, a partir de aquí, Jordan aquí se ve obligado a proseguir con el ritmo de la primera parte del film para no languidecerlo (y no superar las dos horas estándar de metraje), y como resultado tenemos una trama demasiado condensada, en la que no da tiempo a desarrollar personajes más allá de cierto esquematismo. Por tanto, el film pierde mucho en emoción en su tramo final. Eso, y el impostado romance con Julia Roberts, que hace aquí de florero en un film que no l@ necesita para nada.
Una lástima, porque por lo demás Jordan cuenta con un equipo técnico-artístico soberbio. El reparto lo encabeza Liam Neeson en la cúspide de su carisma cinematográfico, haciéndonos olvidar el cabrón sanguinario que debió de ser Collins en la vida real, méritos diplomáticos aparte. Alan Rickman, Aidan Quinn, Stephen Rea, Ian Hart, Brendan Gleeson y Charles Dance completan un reparto magnífico, que junto a la poderosa (aunque a veces excesiva) BSO de Elliot Goldenthal, la impresionante foto de Chris Menges y el perfecto diseño de producción de Anthony Pratt, dan un enorme empaque al film, al mismo tiempo que nos hace lamentarnos por la falta de un tratamiento más épico y menos convencional con semejante historia y despliegue de talentos artísticos encima de la mesa.
Un saludete.
'Biopic' acerca del legendario líder independentista irlandés, en el que su compatriota Neil Jordan nos muestra de manera implacable la espiral de violencia que supuso la lucha por la independencia en la Irlanda de hace un siglo. El retrato de Collins está en sintonía con el ritmo y estilo de la película: un incansable hombre de acción, sin apenas descanso para otra cosa que no sea tirotear al enemigo. Sin embargo, una vez logrado el tratado de paz con Inglaterra y la virtual independencia, el film cambia de registro ,y la furia guerrillera se transforma en dolorosa tragedia para un movimiento nacionalista incapaz de aceptar la paz.
Lamentablemente, a partir de aquí, Jordan aquí se ve obligado a proseguir con el ritmo de la primera parte del film para no languidecerlo (y no superar las dos horas estándar de metraje), y como resultado tenemos una trama demasiado condensada, en la que no da tiempo a desarrollar personajes más allá de cierto esquematismo. Por tanto, el film pierde mucho en emoción en su tramo final. Eso, y el impostado romance con Julia Roberts, que hace aquí de florero en un film que no l@ necesita para nada.
Una lástima, porque por lo demás Jordan cuenta con un equipo técnico-artístico soberbio. El reparto lo encabeza Liam Neeson en la cúspide de su carisma cinematográfico, haciéndonos olvidar el cabrón sanguinario que debió de ser Collins en la vida real, méritos diplomáticos aparte. Alan Rickman, Aidan Quinn, Stephen Rea, Ian Hart, Brendan Gleeson y Charles Dance completan un reparto magnífico, que junto a la poderosa (aunque a veces excesiva) BSO de Elliot Goldenthal, la impresionante foto de Chris Menges y el perfecto diseño de producción de Anthony Pratt, dan un enorme empaque al film, al mismo tiempo que nos hace lamentarnos por la falta de un tratamiento más épico y menos convencional con semejante historia y despliegue de talentos artísticos encima de la mesa.
Un saludete.
Última edición: