Hace poco lei un estudio elogio de Bryan Forbes. Ganas me ha dado de su cine.
UNA HISTORIA VERDADERA (A Straight Story, 1999 – David Lynch).Pese a mi natural inclinación, atracción por lo
extraño, en el caso del cine de Lynch me parecen más redondas sus incursiones en las historias
más normales (como “El Hombre Elefante”) que las que forman el grueso de su filmografía (de las que más me gusta es la brutal “Carretera Perdida”). A la tragedia de John Merrick se une esta
historia verdadera, que salva el escollo de ser puro pasto de telefilm, gracias a estar dirigida precisamente por él, que pone el énfasis y razón de ser del producto, no en prosaicas vanalidades y sentimentalismos, sino en miradas (impresionante Richard Farnsworth) y silencios, sensaciones producidas por ciertas imágenes, paisajes, la velocidad (bellísima labor de fotografía del legendario Freddie Francis) etc; todo asociado, sin trazo grueso, a la memoria y los recuerdos de una vida, resumen del viaje del anciano (muchos vieron, con razón, influencia de cierto cine japonés) . Algunos parecieron sorprenderse y disgustarse por el substrato o diálogos concretos asociados, dicen, al conservadurismo; aunque sabiendo que Lynch fue orgulloso votante por dos veces de Reagan, tampoco sería extraño ver esta cierta, extraña, dualidad ideológica en su obra. En todo caso, excelente como obra cinematográfica, de lo mejor de los 90.
VENENO PARA LAS HADAS (1984, Carlos Enrique Taboada). Taboada fue un realizador mexicano de terror de culto, famoso especialmente por “Hasta el Viento tiene Miedo” (1969), relato de internado de estudiantes femeninas y fantasma malévolo, aunque curiosamente me parece su peor film; mejoró con “El Libro de Piedra” (1975), de espectralidad Henry James y rituales mágicos Arthur Machen; y siguió con saldo positivo con este “Veneno para las Hadas”, otra vez, como hace intuir su título, con carácter
feerico oscuro tipo Machen. Taboada relata la malsana relación entre dos niñas, que pretenden pactos sobrenaturales, hasta acabar en la explosión de odio larvado por celos y dominio; relegando el director a los adultos a off visual (siempre al borde de encuadre o de espaldas) y logrando un ambiente de psicología sórdida infantil como motor narrativo, bastante conseguido. No una obra genial, como dicen sus exégetas, pero si un film interesante, sobre todo en texto, con buen final flamígero, malogrado en sus posibilidades -como “El Libro de Piedra”- por su apatía visual. Creo que han hecho remakes recientes de las tres citadas, pero por lo que dicen muy pésimos.