Vista La sociedad de la arena, es decir, El vuelo del Fénix, de 1965 (hay remake pero no me cabe duda de que esta obra es superior). Clásico absolutamente imprescindible, la mejor película que he visto en lo que va de año. El reparto es impresionante, James Stewart, Richard Attenborough, Peter Finch, Ernest Borgnine, George Kennedy, Dan Duryea, Hardy Krüger… El papel de este último es sencillamente genial así que no escribiré una palabra al respecto, es mejor descubrirlo. En todo momento este actor (que aparece por ejemplo en el Barry Lyndon de Kubrick) me recordó a Steve McQueen, quizá también porque la he visto doblada y usaron con él exactamente el mismo actor de doblaje (para los doblófilos debo decir que el doblaje de esta película es excelente). Pero tuve la sensación de que McQueen habría encajado perfectamente en ese papel. ¿Qué decir de los demás? Todos están perfectos, las interpretaciones son sobresalientes destacando especialmente Stewart y Attenborough.
Desgraciadamente, esta película le costó la vida a Paul Mantz, que asesoró al gran director Robert Aldrich durante el rodaje. Lo mejor es no investigar el motivo sin haber visto antes el film ya que en cierto modo es spoiler. Cuanto menos sepa alguien al respecto de esta producción, mayor será el disfrute y el factor sorpresa. Yo decidí verla sin leer siquiera la sinopsis que veo que cuenta demasiado. Digamos que estamos ante un grupo de personas destinadas a morir inevitablemente en pleno desierto por culpa de un tormenta de arena que ha averiado su avión y han de aterrizar en tan inhóspito lugar. Es todo lo que hay que saber antes de verla.
Por supuesto, no pueden faltar en una obra como esta las desconfianzas entre personas, el compañerismo, la cobardía, el egoísmo, la lealtad, la mentira, el crimen… Todo el ramillete de cosas que caracterizan al género humano, siempre capaz de lo mejor y de lo peor, algo que ocurre a diario en cualquier lugar del mundo pero aquí con un factor agravante. Son personas puestas en una situación límite y donde una gota de agua y algo de comida valen más que el oro. El guión es sencillamente portentoso, con unos diálogos extraordinarios, el retrato psicológico de cada uno de ellos, cómo están perfilados, es algo francamente difícil de ver hoy día.
Inolvidable. Para llevar a una isla desierta, nunca mejor dicho.