Harkness_666
Son cuatro
Madre Juana de los Ángeles, de Jerzy Kawalerowicz
El caso real de la supuesta posesión diabólica de unas monjas allá por el siglo XVII fue abordado en el cine por el excéntrico y setentero Ken Russell. Una década antes, el cine polaco había contado la misma historia desde unas coordenadas radicalmente diferentes, apegadas a una idea de depuración estética y búsqueda esencial, apoyada en una convicción firme en el arte, alejada de caminos más transitados por el común de los cineastas. Mujeres bajo el influjo directo de Satanás ¿realidad o engaño? Faltan las explicaciones en una trama que comienza “in media res”, con todo empezado, y acaba con la misma incertidumbre. Los demonios son, más que otra cosa, demonios de la mente, la manifestación de una angustia existencial que la mera fe no puede aliviar, la tentativa de entender y de nombrar una realidad frente a la cual el hombre es un ser débil y sujeto a sus pasiones, como da a entender el rabino con su discurso.
Más allá, pues, de lo obvio del oscurantismo y la represión erótica, del rechazo del catolicismo y toda la carga de sufrimiento y culpa, el trasfondo lo encuentro próximo a esa duda bergmaniana característica. Hay un riguroso distanciamiento formal que prescinde de música añadida (sólo cánticos de monjas y una canción popular). Composición visual virtuosa, blanco y negro, tendencia a la simplificación y abstracción de objetos y espacios, frontalidad y rostros que toman protagonismo... genial, por cierto, la actriz que hace de Madre Juana y la bipolaridad del papel. No hay, en fin, un gran artificio visual para representar el temor religioso y la amenaza sobrenatural del maligno, todo lo hace la cámara. Está, por otra parte, la gente de la taberna; el noble, el individuo cuñadesco ese, los dos hermanos... un poco como espectadores, yo creo que están para incidir en ciertas ideas que sobrevuelan el conflicto central.
Muy de la época y del lugar, muy de revisitar pipa en mano en la filmoteca, todo lo que queráis... como todo lo bien hecho, eso sí, sobrevive como ejemplo de una alquimia imposible entre un cine fantástico, poblado de pesadillas, y uno realista, explorador de los rincones más turbios de la condición humana.
El caso real de la supuesta posesión diabólica de unas monjas allá por el siglo XVII fue abordado en el cine por el excéntrico y setentero Ken Russell. Una década antes, el cine polaco había contado la misma historia desde unas coordenadas radicalmente diferentes, apegadas a una idea de depuración estética y búsqueda esencial, apoyada en una convicción firme en el arte, alejada de caminos más transitados por el común de los cineastas. Mujeres bajo el influjo directo de Satanás ¿realidad o engaño? Faltan las explicaciones en una trama que comienza “in media res”, con todo empezado, y acaba con la misma incertidumbre. Los demonios son, más que otra cosa, demonios de la mente, la manifestación de una angustia existencial que la mera fe no puede aliviar, la tentativa de entender y de nombrar una realidad frente a la cual el hombre es un ser débil y sujeto a sus pasiones, como da a entender el rabino con su discurso.
Más allá, pues, de lo obvio del oscurantismo y la represión erótica, del rechazo del catolicismo y toda la carga de sufrimiento y culpa, el trasfondo lo encuentro próximo a esa duda bergmaniana característica. Hay un riguroso distanciamiento formal que prescinde de música añadida (sólo cánticos de monjas y una canción popular). Composición visual virtuosa, blanco y negro, tendencia a la simplificación y abstracción de objetos y espacios, frontalidad y rostros que toman protagonismo... genial, por cierto, la actriz que hace de Madre Juana y la bipolaridad del papel. No hay, en fin, un gran artificio visual para representar el temor religioso y la amenaza sobrenatural del maligno, todo lo hace la cámara. Está, por otra parte, la gente de la taberna; el noble, el individuo cuñadesco ese, los dos hermanos... un poco como espectadores, yo creo que están para incidir en ciertas ideas que sobrevuelan el conflicto central.
Muy de la época y del lugar, muy de revisitar pipa en mano en la filmoteca, todo lo que queráis... como todo lo bien hecho, eso sí, sobrevive como ejemplo de una alquimia imposible entre un cine fantástico, poblado de pesadillas, y uno realista, explorador de los rincones más turbios de la condición humana.