GROUCHO
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Rocky IV, de Sylvester Satallone, 1985
Pasando de la 2 y la 3... directamente droga dura en vena. Probablemente se trate del film más hortera de la historia del cine. No ayuda la época, pero sobre todo no ayuda un Sly que abandona completamente el tratamiento con que se inicia la saga y decide desparramarse por el cuadrilátero. Si ya en la 3 parte las cosas empezaban a tomar otro cariz, aquí el tono alcanza ya condición de parodia. Curiosamente aparece el villano que a la postre sería recordado como el más mítico de la saga, puesto que si algo tiene la película es haberla sabido inscribir en plena guerra fría y utilizar a la URSS como enemigo. De lo poco rescatable es Dolph Lundgren y su creación del Capitán Moscú. Un superhéroe rojo fabricado en un laboratorio de lucecitas que se apagan y se encienden, y que da más mal rollo que un gitano en el ascensor. El discurso final es bochornoso, pero tragamos porque nada parecía hacernos creer que Rocky conseguiría untarle la pera al ruso (el cual muy cabronamente acaba divorciado y deportado en Siberia, eso hubiera sido una gran V parte...) y siempre es emocionante ver a Rocky recibir como un pulpo y rehacerse. Pero el tono es terrible y la labor de dirección escalofriante. A recordar el videoclip que se marca en mitad de la película mientras conduce melancólico y que demuestra a las claras que se trata ya de un producto destinado a levantar nostalgias usando sin disimulo imágenes de un pasado más glorioso.
Pasando de la 2 y la 3... directamente droga dura en vena. Probablemente se trate del film más hortera de la historia del cine. No ayuda la época, pero sobre todo no ayuda un Sly que abandona completamente el tratamiento con que se inicia la saga y decide desparramarse por el cuadrilátero. Si ya en la 3 parte las cosas empezaban a tomar otro cariz, aquí el tono alcanza ya condición de parodia. Curiosamente aparece el villano que a la postre sería recordado como el más mítico de la saga, puesto que si algo tiene la película es haberla sabido inscribir en plena guerra fría y utilizar a la URSS como enemigo. De lo poco rescatable es Dolph Lundgren y su creación del Capitán Moscú. Un superhéroe rojo fabricado en un laboratorio de lucecitas que se apagan y se encienden, y que da más mal rollo que un gitano en el ascensor. El discurso final es bochornoso, pero tragamos porque nada parecía hacernos creer que Rocky conseguiría untarle la pera al ruso (el cual muy cabronamente acaba divorciado y deportado en Siberia, eso hubiera sido una gran V parte...) y siempre es emocionante ver a Rocky recibir como un pulpo y rehacerse. Pero el tono es terrible y la labor de dirección escalofriante. A recordar el videoclip que se marca en mitad de la película mientras conduce melancólico y que demuestra a las claras que se trata ya de un producto destinado a levantar nostalgias usando sin disimulo imágenes de un pasado más glorioso.